Pararse a pensar
Frances de Carreras, en La Vanguardia invita a nuestros politicos a realizar deberes en sus vacaciones. Aunque pueda parecer localista su comentario yo creo que podemos generalizarlo a todos los politicos que pululan por esas tierras de Dios en los cinco continentes.
Os aconsejo su lectura
Dentro de una semana comenzarán las grandes vacaciones, las vacaciones de agosto. Se acercan, por tanto, días de viajes, de sol y playa, de vuelta al pueblo, de familia, de amigos, de excursiones por el campo, de paseos por la ciudad. Incluso algunos, pocos, sólo los muy inteligentes, aprovecharán las vacaciones para no hacer nada.
También lo políticos se van de vacaciones y bien que las necesitan. No envidio la vida del político, la del político de primera fila, aquel cuyo nombre aparece continuamente en las páginas de los periódicos, en las imágenes de la televisión, siempre a caballo de los acontecimientos, de los sobresaltos continuos, de los más imprevisibles sucesos. Tampoco hay que compadecerlo: es la vida que ha escogido, nadie le ha obligado a vivir así y, por tanto, ya sabía lo que le esperaba cuando escogió esta tarea, dura en muchos aspectos, seguramente también grata en otros. Los políticos no sólo necesitan vacaciones, sino que se las merecen.
Ahora bien, como les sucedía a los niños de antes, nuestros políticos de hoy tienen que hacer deberes, deberes de vacaciones. Lo siento, quizás son buenos chicos, es posible incluso que sean aplicados, pero no han aprovechado bien el curso y deben repasar. Los deberes, sin embargo, no son complicados. Deben limitarse a aprender a hacer una tarea bien sencilla: pararse a pensar. Cuidado: no se trata de meditar sobre los graves problemas que acechan al mundo, ni estudiar los sesudos informes que han quedado pendientes o leer el imprescindible libro que tanto les han recomendado. No. Pararse a pensar quiere decir simplemente eso: primero pararse y después pensar.
De las dos fases, la esencial es la primera, la de pararse. Pensar, por supuesto, no es algo secundario ni de menor importancia; por el contrario, es el objetivo principal. Pero el hecho de parar es indispensable, un requisito sine qua non, para alcanzar el objetivo principal: dentro del ajetreo diario los políticos deben saber que si no aprenden a parar, nunca llegarán a pensar, algo que, a pesar de los avances científicos, todavía sigue siendo imprescindible.
Por tanto, primero, parar y luego pensar. Me explico mediante dos ejemplos, muy distintos, de esta misma semana. Si Rubalcaba y el diputado del PP Ra-fael Hernando hubieran sabido parar a tiempo y pensarlo dos veces antes de increparse y abalanzarse el uno contra el otro como dos niños en el patio de un colegio, no hubieran dado el bochornoso espectáculo que, nada menos que en el Congreso de los Diputados, hemos podido contemplar, estupefactos, estos días. Segundo ejemplo: si en algún momento los políticos catalanes se hubieran parado a pensar sobre lo que estaban haciendo, no se habría producido el bochornoso espectáculo de presentar nada menos que 554 enmiendas a un proyecto de Estatut sobre el que están intentando llegar a un acuerdo desde hace dieciocho meses.
Lo siento mucho, sin duda merecen un descanso, pero para septiembre deben aprender a pararse y a pensar, una cosa detrás de la otra, ambas fundamentales para que no olviden lo principal: que están al servicio de los ciudadanos y deben atender bien a las tareas que éstos tienen derecho a exigirles. ¿ Qué pasaría en una empresa si dos empleados llegaran a las manos por unas palabras de más o una comisión trabajara durante un año y medio para establecer un plan de expansión sin llegar todavía a un acuerdo? ¿ A qué algunos se irían a la calle? Pues eso.
Os aconsejo su lectura
Dentro de una semana comenzarán las grandes vacaciones, las vacaciones de agosto. Se acercan, por tanto, días de viajes, de sol y playa, de vuelta al pueblo, de familia, de amigos, de excursiones por el campo, de paseos por la ciudad. Incluso algunos, pocos, sólo los muy inteligentes, aprovecharán las vacaciones para no hacer nada.
También lo políticos se van de vacaciones y bien que las necesitan. No envidio la vida del político, la del político de primera fila, aquel cuyo nombre aparece continuamente en las páginas de los periódicos, en las imágenes de la televisión, siempre a caballo de los acontecimientos, de los sobresaltos continuos, de los más imprevisibles sucesos. Tampoco hay que compadecerlo: es la vida que ha escogido, nadie le ha obligado a vivir así y, por tanto, ya sabía lo que le esperaba cuando escogió esta tarea, dura en muchos aspectos, seguramente también grata en otros. Los políticos no sólo necesitan vacaciones, sino que se las merecen.
Ahora bien, como les sucedía a los niños de antes, nuestros políticos de hoy tienen que hacer deberes, deberes de vacaciones. Lo siento, quizás son buenos chicos, es posible incluso que sean aplicados, pero no han aprovechado bien el curso y deben repasar. Los deberes, sin embargo, no son complicados. Deben limitarse a aprender a hacer una tarea bien sencilla: pararse a pensar. Cuidado: no se trata de meditar sobre los graves problemas que acechan al mundo, ni estudiar los sesudos informes que han quedado pendientes o leer el imprescindible libro que tanto les han recomendado. No. Pararse a pensar quiere decir simplemente eso: primero pararse y después pensar.
De las dos fases, la esencial es la primera, la de pararse. Pensar, por supuesto, no es algo secundario ni de menor importancia; por el contrario, es el objetivo principal. Pero el hecho de parar es indispensable, un requisito sine qua non, para alcanzar el objetivo principal: dentro del ajetreo diario los políticos deben saber que si no aprenden a parar, nunca llegarán a pensar, algo que, a pesar de los avances científicos, todavía sigue siendo imprescindible.
Por tanto, primero, parar y luego pensar. Me explico mediante dos ejemplos, muy distintos, de esta misma semana. Si Rubalcaba y el diputado del PP Ra-fael Hernando hubieran sabido parar a tiempo y pensarlo dos veces antes de increparse y abalanzarse el uno contra el otro como dos niños en el patio de un colegio, no hubieran dado el bochornoso espectáculo que, nada menos que en el Congreso de los Diputados, hemos podido contemplar, estupefactos, estos días. Segundo ejemplo: si en algún momento los políticos catalanes se hubieran parado a pensar sobre lo que estaban haciendo, no se habría producido el bochornoso espectáculo de presentar nada menos que 554 enmiendas a un proyecto de Estatut sobre el que están intentando llegar a un acuerdo desde hace dieciocho meses.
Lo siento mucho, sin duda merecen un descanso, pero para septiembre deben aprender a pararse y a pensar, una cosa detrás de la otra, ambas fundamentales para que no olviden lo principal: que están al servicio de los ciudadanos y deben atender bien a las tareas que éstos tienen derecho a exigirles. ¿ Qué pasaría en una empresa si dos empleados llegaran a las manos por unas palabras de más o una comisión trabajara durante un año y medio para establecer un plan de expansión sin llegar todavía a un acuerdo? ¿ A qué algunos se irían a la calle? Pues eso.
Sábado, 23 de Julio de 2005 21:52

