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<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://ellectorcurioso.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>El lector curioso</title><description>Aqu&#xED; encontrar&#xE1;s libros, documentos, articulos, informes, entrevistas y reportajes que merecen ser leidos, ocupar un lugar en tu biblioteca y un recuerdo en tu mente y coraz&#xF3;n.</description><link>https://ellectorcurioso.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>la historia interminable</title><link>https://ellectorcurioso.blogia.com/2006/012101-la-historia-interminable.php</link><guid isPermaLink="true">https://ellectorcurioso.blogia.com/2006/012101-la-historia-interminable.php</guid><description><![CDATA[<table width="100%" cellspacing="0" cellpadding="0" border="0" style="height: 237px"> <tbody><tr><td valign="top" class="a11r333"><table width="100%" cellspacing="0" cellpadding="0" border="0"><tbody><tr><td class="a13r333"><p><span class="g21r000" /><br />      <br /> </p> </td> </tr> <tr><td style="height: 15px"></td></tr> </tbody></table><br /> <table width="100%" cellspacing="0" cellpadding="0" border="0"> <tbody><tr> <td class="g13r333"> <p> Se han cumplido 30 a&ntilde;os de la muerte de Franco. En unos meses, se cumplir&aacute;n 70 del comienzo de la Guerra Civil. Y, de no ser por los empe&ntilde;osos empe&ntilde;os editoriales y la oficiosa oficialidad conmemorativa que una y otra efem&eacute;rides suscitan, ambas pasar&iacute;an desapercibidas para el com&uacute;n de los ciudadanos, lo que es la mejor noticia sobre la salud pol&iacute;tica b&aacute;sica de los espa&ntilde;oles que cupiera imaginar.</p><p> Sin embargo, es sabido que las efem&eacute;rides las carga el diablo. Y en este caso, las mismas se hilan con el prop&oacute;sito de forzar la consagraci&oacute;n de una definitiva relectura de nuestra historia contempor&aacute;nea no menos maniquea que la que impuso el franquismo mientras pudo. En un art&iacute;culo de Javier Cercas en EL PA&Iacute;S del 29 de noviembre pasado<em> (C&oacute;mo acabar de una vez por todas con el franquismo) </em>creo que se resume adecuadamente el esp&iacute;ritu y la letra de esa relectura en la siguiente frase: "Hab&iacute;a una vez en Espa&ntilde;a una Rep&uacute;blica democr&aacute;tica mejorable, como todas, contra la que un militar llamado Franco dio un golpe de Estado. Como algunos ciudadanos no aceptaron el golpe y decidieron defender el Estado de derecho, hubo una guerra de tres a&ntilde;os. La gan&oacute; Franco, quien impuso un r&eacute;gimen sin libertades, injusto e ileg&iacute;timo, que fue una prolongaci&oacute;n de la guerra por otros medios y dur&oacute; 40 a&ntilde;os". A esa lectura se apunta con entusiasmo la izquierda que nos gobierna.</p><p>  A mi juicio, el problema que suscita esta nueva <em>verdad oficial</em> no est&aacute; en la demonizaci&oacute;n del franquismo, sino en la beatificaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica. La descripci&oacute;n del r&eacute;gimen de Franco que despacha Cercas en las l&iacute;neas anteriores es algo simplista y omite aspectos esenciales (como, por ejemplo, la propia evoluci&oacute;n del franquismo), pero no puede decirse que sea falsa.</p><p> S&iacute; es en cambio, a mi entender, radicalmente err&oacute;nea la frase que describe a la Rep&uacute;blica. La Rep&uacute;blica no fue un r&eacute;gimen democr&aacute;tico mejorable como todos. Fue un fracaso de la democracia al que contribuyeron revolucionarios y contrarrevolucionarios en semejante medida. Lo fue, adem&aacute;s, casi desde el principio, pero, sobre todo, lo fue en el periodo final, el inmediatamente antecedente a la Guerra Civil, como demuestran, a mi juicio de forma poco discutible, trabajos recientes de historiadores tan solventes como Stanley G. Payne.</p><p> Simplemente hagamos el ejercicio de transponer la historia de esos meses convulsos a la actualidad. Imaginemos que en el lapso de unos pocos meses se hubieran producido en torno a 300 muertes violentas en incidentes pol&iacute;ticos, y entre ellas, la del jefe de la oposici&oacute;n parlamentaria, a manos de agentes de las fuerzas de seguridad del Estado. &iquest;Alguien en sus cabales hablar&iacute;a, en tal situaci&oacute;n, de un "r&eacute;gimen democr&aacute;tico mejorable"?</p><p> La cuesti&oacute;n est&aacute; en que un fracaso colectivo -como fue la Rep&uacute;blica- no tiene por qu&eacute; constituirse retrospectivamente en el m&aacute;stil mora al que amarrar la nueva democracia. Esto es tan err&oacute;neo -y tan autodestructivo- como lo ser&iacute;a pretender que la legitimidad de la actual democracia que disfrutamos se ancla en las previsiones sucesorias del franquismo.</p><p> Pero eso, con ser malo, no ser&iacute;a lo peor. Lo peor es que el intento trae consigo una deslegitimaci&oacute;n impl&iacute;cita de uno de los pocos procesos de nuestra historia contempor&aacute;nea del que tenemos razones para sentirnos orgullosos o, al menos, satisfechos: la transici&oacute;n. El corolario de esa relectura es, efectivamente, que la transici&oacute;n no da lugar a una verdadera democracia, dado que los condicionamientos de la misma no permitieron hacer justicia a las v&iacute;ctimas del franquismo ni superar sus tab&uacute;es, y ello vicia las bases morales del nuevo r&eacute;gimen democr&aacute;tico.</p><p> &Eacute;se es el disparate. La transici&oacute;n espa&ntilde;ola es casi un milagro hist&oacute;rico. Despreciar su valor como piedra angular de nuestra democracia es renunciar a una de nuestras mejores p&aacute;ginas de historia colectiva. Pero, sobre todo, es aventurarnos de nuevo en una senda de incertidumbre. La historia m&aacute;s reciente es pr&oacute;diga en ejemplos de transiciones fallidas (sin ir m&aacute;s lejos, en los Balcanes o en algunos pa&iacute;ses del Este de Europa). Todas tienen en com&uacute;n un rasgo: en ellas, el deseo de vindicaci&oacute;n de un pasado -por irreal, mitol&oacute;gico o fantasioso que &eacute;ste sea- se hace m&aacute;s fuerte que la voluntad de construir un futuro. Esas transiciones fallidas han dado lugar a quiebras de los Estados -donde la falla hist&oacute;rica ten&iacute;a un contenido &eacute;tnico, como en los Balcanes-, a inestabilidad pol&iacute;tica, a fracaso econ&oacute;mico y, lo peor, se han cobrado en ocasiones un costoso tributo en sangre.</p><p> Por eso, la cuesti&oacute;n no es acad&eacute;mica ni te&oacute;rica. Los asuntos del espacio p&uacute;blico que ocupan el lugar central de la agenda pol&iacute;tica est&aacute;n refractados por ese prisma revisionista, y as&iacute; nos va. Especialmente, el debate sobre el modelo territorial.</p><p> Parece que hubiera que revisar la configuraci&oacute;n del Estado de las Autonom&iacute;as para ir a una filosof&iacute;a m&aacute;s declaradamente federal porque el sistema actual no puede dar cauce a las aspiraciones de autogobierno de vascos y catalanes. Y todo ello porque las hipotecas de la transici&oacute;n impidieron un redise&ntilde;o del Estado tan amplio como hubiera sido necesario.</p><p> Ese argumento no se sostiene ni te&oacute;rica ni hist&oacute;ricamente. El nivel de autogobierno catal&aacute;n y vasco en la Rep&uacute;blica era inferior al que los propios Estatutos de Sau y de Gernika consagran. Ninguno de los dos tuvo tiempo de consolidarse y, adem&aacute;s, ambos constituyeron, cada uno a su modo, fuentes de riesgo, amenaza y deslealtad para la Rep&uacute;blica. No hay nada que mirar en ese espejo: felizmente, en casi nada nos parecemos.</p><p> A estas alturas, echar atr&aacute;s la vista 70 a&ntilde;os tiene mucho m&aacute;s sentido para evitar los errores del pasado que para buscar inspiraci&oacute;n en futuros aciertos. Porque hoy ya no podemos dar por buenos los versos de Gil de Biedma ("De todas las historias de la Historia / sin duda la m&aacute;s triste es la de Espa&ntilde;a / porque termina mal..."). Pero siempre corremos el riesgo de dejarnos llevar por estos otros de las <em>Glosas a Her&aacute;clito</em> de &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez: "Nada es lo mismo, nada / permanece. / Menos / la Historia y la morcilla de mi tierra / se hacen las dos con sangre, se repiten".</p><p>    </p>    </td> </tr> </tbody></table> </td> <td style="width: 11px"></td> </tr> </tbody> </table>     <table width="100%" cellspacing="0" cellpadding="0" border="0"> <tbody><tr><td colspan="4" style="height: 22px"></td></tr></tbody> </table>]]></description><pubDate>Sat, 21 Jan 2006 18:52:00 +0000</pubDate></item><item><title>Devolver a Dios su libertad</title><link>https://ellectorcurioso.blogia.com/2006/010601-devolver-a-dios-su-libertad.php</link><guid isPermaLink="true">https://ellectorcurioso.blogia.com/2006/010601-devolver-a-dios-su-libertad.php</guid><description><![CDATA[<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Joseba Arregi es profesor de Sociolog&iacute;a en la Universidad del Pa&iacute;s Vasco.</p>   <p class="MsoNormal">EL PA&Iacute;S<span>&nbsp; </span>-<span /><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span /></p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Es probable que no sea nada adecuado hablar de Dios en t&eacute;rminos de libertad. Y menos pensar que alguien se la haya podido arrebatar. Y sin embargo, en las palabras del t&iacute;tulo hay un significado que se puede explicar y que dice mucho de los problemas culturales de los humanos, que adquieren demasiadas veces, si no siempre, dimensiones pol&iacute;ticas. Hace muchos a&ntilde;os, probablemente por el a&ntilde;o 1968 o 1969, un joven vasco escribi&oacute; un peque&ntilde;o ensayo que titulaba Eskaldunen Jainkoa hil behar dugu; en espa&ntilde;ol, Tenemos que matar al Dios de los euskaldunes, de los vascos. El autor pensaba que la lengua y la cultura vascas estaban demasiado vinculadas a una determinada fe religiosa. Cre&iacute;a que para que el euskera y la cultura vasca pudieran modernizarse y prepararse para poder sobrevivir en el mundo moderno, deb&iacute;an romper con una tradici&oacute;n que equiparaba lo vasco, su lengua espec&iacute;fica y su cultura, al mundo rural, a una especie de Arcadia feliz -la inventada por Sabino Arana-, cuya &uacute;ltima legitimaci&oacute;n ven&iacute;a dada por un Dios cuya voluntad hab&iacute;a querido que todo ello fuera as&iacute;, y por eso lo legitimaba y lo sacralizaba.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Era preciso -no se olvide la referencia temporal: finales de la d&eacute;cada de los sesenta del siglo recientemente pasado-, romper el esquema que igualaba el ser vasco con el ser creyente, con el euskaldun fededun. La sociedad vasca, mejor dicho, la parte de la sociedad vasca cuyo imaginario estaba sustancialmente construido en torno a la lengua espec&iacute;fica, al nacionalismo tradicional y a la fe cat&oacute;lica, ten&iacute;a que romper algunas de esas ataduras estructurales para poder prepararse a luchar por su supervivencia en las condiciones de la modernidad. No interesa tanto, por lo menos no para quien firma estas l&iacute;neas, analizar ahora c&oacute;mo se produjo la sustituci&oacute;n de la fe cat&oacute;lica por una ideologizaci&oacute;n de car&aacute;cter totalitario en torno a unos dogmas marxistas, en combinaci&oacute;n con otros dogmas nacionalistas, sobre el eje de los movimientos de liberaci&oacute;n nacional. Lo que m&aacute;s interesa es recordar que en el citado peque&ntilde;o ensayo su autor no se limitaba a una cr&iacute;tica cultural y social, sino que argumentaba desde algunos supuestos teol&oacute;gicos afirmando que lo que &eacute;l propon&iacute;a implicaba una concepci&oacute;n m&aacute;s digna de Dios; una concepci&oacute;n liberada de la obligaci&oacute;n de legitimar y sacralizar con su nombre lo que no eran m&aacute;s que apuestas humanas limitadas, parciales, hist&oacute;ricas, contingentes y no exentas, antes al contrario, de intereses econ&oacute;micos.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">El te&oacute;logo a quien citaba era Jos&eacute; Mar&iacute;a Gonz&aacute;lez Ruiz, y de la lectura de sus obras extra&iacute;a la necesidad de liberar a Dios de obligaciones impuestas por los hombres en beneficio de los propios intereses de &eacute;stos. Se trataba de devolver a Dios su libertad, o quiz&aacute; mejor dicho, su dignidad. Algo comprensible en la tradici&oacute;n de la teolog&iacute;a de un Karl Barth, en cuya opini&oacute;n la religi&oacute;n es siempre producto de la concupiscencia humana, por lo que el Dios que surge de ella est&aacute; siempre preso de las necesidades humanas, frente al Dios de Jes&uacute;s, que es pura revelaci&oacute;n y pura gracia.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Recuerdo este peque&ntilde;o ensayo de hace muchos a&ntilde;os porque quiz&aacute; hoy, ante la forma de actuar de la jerarqu&iacute;a eclesi&aacute;stica espa&ntilde;ola, tenemos que volver a argumentar teol&oacute;gicamente en el sentido de pedirles a los se&ntilde;ores obispos que devuelvan a Dios su libertad, aquella que alcanz&oacute; definitivamente en la muerte de Jes&uacute;s en la Cruz. Dios no se presta a la legitimaci&oacute;n de una forma cultural determinada. Dios no es el argumento de determinados valores culturales. Dios no sacraliza formas de cultura temporales, contingentes, interesadas. Todo ello es magia, manipulaci&oacute;n indebida de Dios, tomar el nombre de Dios en vano.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Dicen que el Antiguo Testamento no conoce m&aacute;s que un pecado, el pecado de idolatr&iacute;a. Y tambi&eacute;n se puede afirmar que el &uacute;nico pecado que conoce Jes&uacute;s es el pecado contra el Esp&iacute;ritu, que es el mismo que el pecado de idolatr&iacute;a v&eacute;terotestamenario. Y &eacute;ste no es otro que el de crearse un Dios a su medida, que los hombres elijan a Dios, cre&aacute;ndolo a su imagen y semejanza y de la cultura que quieren consolidar por medio de &eacute;l, en lugar de ser elegidos por &eacute;l. Dios, el Dios de Abraham, de Aseas, de Cejaba y de Jes&uacute;s no legitima ninguna identidad, ni individual ni colectiva. No puede ser colocado al servicio de ninguna de ellas. Dios es juicio y salvaci&oacute;n, gracia, para cada una de ellas y para todas.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Llama poderosamente la atenci&oacute;n que el discurso de los prelados est&eacute; impregnado de t&eacute;rminos como el de derecho: derecho a la elecci&oacute;n de centro, derecho de los padres a elegir educaci&oacute;n religiosa para sus hijos, derecho de la Iglesia a elegir a los profesores de religi&oacute;n. Y sorprende que t&eacute;rminos como el de gracia, servicio, oferta de salvaci&oacute;n no aparezcan casi por ninguna parte.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">De la misma forma que el Dios de Jes&uacute;s invalida cualquier pol&iacute;tica basada en la identidad -toda pol&iacute;tica basada en la identidad es una pol&iacute;tica que busca reforzar el sentimiento de seguridad de los humanos involucrados en esa identidad colectiva, y la b&uacute;squeda de seguridad es la idolatr&iacute;a del Antiguo Testamento y es el significado teol&oacute;gico de la muerte de Jes&uacute;s en la Cruz, el abandono por parte del Padre, el que el Padre no le confirme en su identidad de Mes&iacute;as-, tambi&eacute;n invalida cualquier pol&iacute;tica dirigida a la defensa de intereses, que humanamente pueden ser leg&iacute;timos, pero que no dejan de ser eso, intereses humanos, parciales y contingentes, y no siempre los intereses de los m&aacute;s d&eacute;biles en la sociedad.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Por supuesto que todo lo anterior se puede aplicar tambi&eacute;n a aquellos que sustituyen la posesi&oacute;n de la verdad divina que cree tener la jerarqu&iacute;a eclesi&aacute;stica por el dogma de que un mundo sin Dios y una escuela laica por definici&oacute;n, que no aconfesional, son mejores, m&aacute;s libres, m&aacute;s humanos. Los prelados cat&oacute;licos podr&iacute;an argumentar diciendo que la cultura moderna todav&iacute;a tiene pendiente el trabajo de reequilibrar su aspiraci&oacute;n de autonom&iacute;a con la heteronom&iacute;a que ha cre&iacute;do necesario rechazar para liberarse: si existe una heteronom&iacute;a alienante para los humanos, y si esa heteronom&iacute;a ha sido en la tradici&oacute;n europea religiosa, cristiana y cat&oacute;lica, no es menos cierto que existe una autonom&iacute;a que puede conducir, y de hecho ha conducido al solipsismo, al autismo y a la incapacidad de comunicaci&oacute;n a los humanos modernos.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Pero el reequilibrio, cuya necesidad podr&iacute;a argumentar el cristianismo, no puede renunciar al desarrollo de la autonom&iacute;a: debe ser, como lo plantea tan inteligente y claramente Emmanuel L&eacute;vinas, la recuperaci&oacute;n de la heteronom&iacute;a como una que no hiere ni pone en peligro la autonom&iacute;a, sino que la fortalece y la consolida, ofreci&eacute;ndole la posibilidad de transcenderse a s&iacute; misma en el Otro.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Si algo debiera dirigir la proclamaci&oacute;n de los prelados cat&oacute;licos -y que me perdonen el atrevimiento- es entender que en la muerte de Cruz de Jes&uacute;s Dios ofrece e impulsa a los hombres a su propia autonom&iacute;a, a asumir su propia responsabilidad. Dios se retira de los asuntos humanos en cuanto divinidad que lo decide todo, se oculta como divinidad todopoderosa y omnisciente en la oscuridad del Viernes Santo, para que los humanos asuman sus responsabilidades. Y les ofrece, desde esa ocultaci&oacute;n y desde esa ausencia la posibilidad de la gracia, que es todo menos imposici&oacute;n, derecho y obligaci&oacute;n -San Pablo dice que la Ley termina condenando al hombre, y que s&oacute;lo Jes&uacute;s le ofrece la gracia de la salvaci&oacute;n-.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Es un espect&aacute;culo bastante bochornoso y preocupante, para quienes poseen alguna preocupaci&oacute;n cristiana, aunque no se atrevan a considerarse como cristianos seguros, contemplar a la Iglesia espa&ntilde;ola implicada en batallas pol&iacute;ticas cuya legitimidad teol&oacute;gica es bastante endeble. Lo cual no significa que la Iglesia no pueda ofrecer, desde la humildad y desde la conciencia de la necesaria aconfesionalidad del Estado como garant&iacute;a de libertad, la presencia en la sociedad de una manera de entender los valores que pueden ayudar a construir un proyecto de vida, y tambi&eacute;n en ese &aacute;mbito tan importante para la educaci&oacute;n en valores como es la escuela. Como servicio, no como administraci&oacute;n continua de una ortodoxia de doctrina y de una ortopraxis de vida de los encargados de materializar esa oferta.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal"><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span></p>]]></description><pubDate>Fri, 06 Jan 2006 13:07:00 +0000</pubDate></item><item><title>tres sotanas en busca de la paz</title><link>https://ellectorcurioso.blogia.com/2006/010401-tres-sotanas-en-busca-de-la-paz.php</link><guid isPermaLink="true">https://ellectorcurioso.blogia.com/2006/010401-tres-sotanas-en-busca-de-la-paz.php</guid><description><![CDATA[<p class="MsoNormal">&nbsp;</p> <p class="MsoNormal">Un cardenal franc&eacute;s, un fraile irland&eacute;s y un sacerdote vasco. Tres sotanas eclesiales para conseguir la paz en Euskadi. El cardenal vasco-franc&eacute;s Roger Etchegaray, el redentorista irland&eacute;s Alec Reid y el sacerdote vizca&iacute;no, Joseba Segura vienen realizando, desde hace alg&uacute;n tiempo, discretas labores de mediaci&oacute;n en la trastienda del proceso de paz. Su misi&oacute;n: tender puentes y sentar a negociar al Gobierno y a ETA. Para ello, cuentan con el aval de Roma y de la Conferencia Episcopal espa&ntilde;ola.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Tres sotanas negociadoras que se van a quedar en dos. Una de ellas se retira a un segundo plano. El pasado d&iacute;a 2 de enero, Joseba Segura hizo sus maletas y se fue... a Ecuador. Reclamado por los obispos de aquel pa&iacute;s como economista y experto en pastoral social, su obispo, Ricardo Bl&aacute;zquez, se lo cede por tres a&ntilde;os.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Segura se r&iacute;e cuando le preguntamos si va a continuar con su papel mediador desde el pa&iacute;s latinoamericano: &ldquo;Desde all&iacute; podr&iacute;a moverme con mayor libertad. Algunos podr&iacute;an lanzar esa especie&rdquo;, bromea, al tiempo que se&ntilde;ala que su contribuci&oacute;n &ldquo;ya no es necesaria&rdquo;. Ha cumplido su cometido y deja paso a otros mediadores menos &ldquo;quemados&rdquo;.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">La misi&oacute;n de Segura, como la del Bautista, fue la de preparar el camino a otro. A Alec Reid, el mediador que da la cara. Con el apoyo del Obispado de Bilbao, regido por monse&ntilde;or Ricardo Bl&aacute;zquez, presidente de la Conferencia Episcopal, el cura vasco no s&oacute;lo actu&oacute; como chofer y traductor del fraile irland&eacute;s, sino tambi&eacute;n como su introductor en los medios pol&iacute;ticos vascos.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Segura, de 47 a&ntilde;os de edad, es profesor de teolog&iacute;a en la Universidad de Deusto, master en Econom&iacute;a por el Boston College de Estados Unidos y mantiene una estrecha relaci&oacute;n con el ahora obispo de San Sebasti&aacute;n, monse&ntilde;or Uriarte, desde la etapa en que &eacute;ste fue obispo auxiliar de Bilbao. Nacionalista y brillante, mantiene buenas relaciones con numerosas personas del mundo abertzale. Sobre todo con Rafael D&iacute;ez Usabiaga, secretario general de LAB y considerado por muchos, incluido el l&iacute;der socialista vasco, Patxi L&oacute;pez, como un personaje clave en el proceso de paz.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Esas buenas relaciones le llevaron a ejercer el papel de introductor de representantes del Foro de Debate Nacional &ndash;un organismo controlado por Batasuna y en el que participan EA, Aralar, el partido vasco franc&eacute;s AB, los sindicatos LAB y ELA, y una treintena de organizaciones sociales de la izquierda abertzale&ndash; ante su jefe, monse&ntilde;or Bl&aacute;zquez, con quien se reunieron para hablar sobre el proceso de paz el pasado 28 de junio.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Convencido de que &ldquo;desde la transici&oacute;n, la eficacia del terrorismo de ETA ha sido nula y s&oacute;lo ha conseguido muertos y encarcelados&rdquo;, Segura apuesta abiertamente por la salida negociada del conflicto vasco. Como casi todos sus superiores jer&aacute;rquicos.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Y es que la Iglesia siempre desempe&ntilde;&oacute; un papel activo en los intentos por alcanzar una soluci&oacute;n dialogada al terrorismo de ETA. Experta en humanidad y maestra del di&aacute;logo, la Iglesia siempre apuesta por la reconciliaci&oacute;n y la b&uacute;squeda del entendimiento social. Por pura cuesti&oacute;n de fidelidad a los principios evang&eacute;licos.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">El negociador tapado.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Ya el 2 de octubre del a&ntilde;o 2000, la diplomacia vaticana se ofreci&oacute; a los gobiernos espa&ntilde;ol y vasco para &ldquo;contribuir a lograr una soluci&oacute;n pac&iacute;fica&rdquo; en el Pa&iacute;s Vasco. Una contribuci&oacute;n que Roma encarga, unos a&ntilde;os despu&eacute;s, al cardenal Roger Etchegaray, el negociador tapado. Ese del que ninguna de las partes habla, para preservar sus buenos oficios.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">El purpurado franc&eacute;s es una de las grandes personalidades de la Iglesia, tiene experiencia diplom&aacute;tica sobrada y, adem&aacute;s, conoce por dentro el caso vasco: naci&oacute;, hace 83 a&ntilde;os, en Ezpeleta (Pa&iacute;s Vasco franc&eacute;s) y, desde que est&aacute; jubilado, pasa grandes temporadas en su localidad natal.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Etchegaray fue uno de los hombres de confianza del difunto Juan Pablo II. El propio Papa le llamaba &ldquo;mi enviado especial&rdquo;. Y como tal, medi&oacute;, en nombre del Papa, en todos los grandes conflictos de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Desde Kosovo a Timor, pasando por Jerusal&eacute;n, Chiapas o Irak.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Profundo conocedor de la realidad vasca, sigue manteniendo una perfecta sinton&iacute;a con eclesi&aacute;sticos y obispos de todos los sectores. Es amigo de monse&ntilde;or Seti&eacute;n y de monse&ntilde;or Uriarte, pero tambi&eacute;n se lleva muy bien con monse&ntilde;or Bl&aacute;zquez o con el cardenal Rouco Varela.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Dado que cumple a la perfecci&oacute;n las tres condiciones de un buen mediador (conocer a fondo el tema, tener prestigio y gozar de la confianza de todas las partes implicadas) podr&iacute;a desempe&ntilde;ar el papel de notario en los eventuales encuentros entre los representantes de Moncloa y los dirigentes etarras. El mismo que ya ejerciera su amigo, el obispo de San Sebasti&aacute;n, Juan Mar&iacute;a Uriarte, en las negociaciones que entablaron, en 1999, el Ejecutivo de Aznar y la banda armada.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">La segunda sotana negociadora se esconde menos y act&uacute;a a cara descubierta, porque &eacute;se es su papel. Se trata del redentorista irland&eacute;s Alec Reid, que cree a pies juntillas en la providencia divina, en el di&aacute;logo y en la no violencia activa. Con estas armas en la mano, lleva m&aacute;s de 30 a&ntilde;os luchando por la paz. No en vano le llaman el Ghandi irland&eacute;s. Y, en Irlanda, su receta funcion&oacute; y el menudo fraile fue uno de los art&iacute;fices de los acuerdos de Viernes Santo de 1998, que sellaron la paz entre cat&oacute;licos y protestantes del Ulster.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">El esp&iacute;ritu del di&aacute;logo</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">La teor&iacute;a pacificadora de Alec Reid se basa en lo que &eacute;l llama &ldquo;el esp&iacute;ritu del di&aacute;logo&rdquo;, que consiste en que las diversas partes en conflicto se escuchen &ldquo;no desde la cabeza, sino desde el coraz&oacute;n&rdquo;.Y a&ntilde;ade: &ldquo;Este di&aacute;logo sin exclusiones dar&iacute;a paso a unas negociaciones que, a su vez, pudiesen plasmarse en un acuerdo que recogiese los derechos de todos&rdquo;.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Impasible al desaliento, acostumbrado a los servicios secretos y a la incomprensi&oacute;n de unos y de otros, el padre Reid se levanta temprano, hace meditaci&oacute;n, dice misa y sale, en autob&uacute;s, a sus reuniones, consciente de que el camino de la paz est&aacute; empedrado de trampas y peligros. &ldquo;Es consciente de estar haciendo una labor sumamente peligrosa. Conoce muchos secretos e informes reservados. Su vida corre siempre peligro&rdquo;, explica su compa&ntilde;ero de congregaci&oacute;n, el tambi&eacute;n irland&eacute;s padre Cannon.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">De hecho, ha estado en inminente peligro de muerte en varias ocasiones. Pero &eacute;l s&oacute;lo recuerda aquel 13 de mayo de 1981, en que el turco Ali Agca disparaba contra el Papa en la plaza de San Pedro. El padre Reid estaba all&iacute;, a unos cuantos metros de la escena del crimen, sin poder hacer nada, mientras el Papa de la paz se desangraba en brazos de su secretario, monse&ntilde;or Dziwisz.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Unos a&ntilde;os despu&eacute;s, una foto publicada en la portada del New York Times le catapult&oacute; a la fama. Est&aacute; de rodillas, en el suelo, atendiendo a dos soldados ingleses linchados por el IRA. Era el 23 de marzo de 1988. El padre Alec participaba en una manifestaci&oacute;n convocada por los cat&oacute;licos para protestar contra el asesinato del activista del IRA, Caoimhin Mc Bradaigh. Durante el recorrido, en una peque&ntilde;a calle, la multitud divis&oacute; a dos soldados, los cabos Derek Wood y David Howes, pens&oacute; que eran esp&iacute;as y el IRA los linch&oacute; all&iacute; mismo. Y all&iacute; mismo el padre Alec ejerci&oacute; su ministerio en nombre del Dios de la paz.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Desde hace a&ntilde;os mantiene contactos con nacionalistas, abertzales y socialistas. El pasado mes de julio se entrevistaba con el presidente de los socialistas vascos, Jes&uacute;s Eguiguren. Y el 1 de diciembre, present&oacute; en Bruselas, ante el Parlamento Europeo, a la Mesa para el Acuerdo, que agrupa a partidos, movimientos y asociaciones nacionalistas y abertzales. Y ante la C&aacute;mara europea dijo, entre otras cosas: &ldquo;Con el bagaje de haber mediado en el conflicto de Irlanda del Norte durante 35 a&ntilde;os, les digo que no se puede resolver un conflicto pol&iacute;tico con la fuerza armada, sino con el di&aacute;logo&rdquo;.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Porque el di&aacute;logo es la receta por excelencia de los eclesi&aacute;sticos para conseguir la paz en Euskadi. Por ejemplo, Joaqu&iacute;n Perea, director del Instituto diocesano de Teolog&iacute;a y Pastoral de Bilbao, asegura que &ldquo;el propio Jes&uacute;s dialogar&iacute;a con ETA&rdquo;. Franciscanos y jesuitas vascos est&aacute;n empe&ntilde;ados en conseguir la paz a trav&eacute;s de &ldquo;una espiritualidad de la reconciliaci&oacute;n&rdquo;. De hecho, los franciscanos de Arantzazu (Guip&uacute;zcoa) acaban de crear un &ldquo;centro de investigaci&oacute;n por la paz&rdquo;.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Y entre los obispos vascos, la t&oacute;nica es la misma. Monse&ntilde;or Uriarte asegura que &ldquo;la Iglesia puede y debe promover todas las v&iacute;as posibles para conseguir la reconciliaci&oacute;n&rdquo;, al tiempo que pide a los pol&iacute;ticos que &ldquo;obedezcan la voluntad del pueblo, que est&aacute; pidiendo a gritos la paz y el di&aacute;logo&rdquo;.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Incluso el sector m&aacute;s duro del episcopado espa&ntilde;ol, aunque lo piense, no se atreve a posicionarse p&uacute;blicamente contra la mediaci&oacute;n eclesial. Y el mayoritario sector centrista la apoya sin reservas. Desde Pamplona, Fernando Sebasti&aacute;n se&ntilde;ala que &ldquo;estamos dispuestos a hacer todo lo que est&eacute; en nuestras manos&rdquo;.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Desde Bilbao, Ricardo Bl&aacute;zquez, presidente de la Conferencia episcopal siempre mantuvo que, &ldquo;si se nos pidiera, no negar&iacute;amos nunca una mediaci&oacute;n&rdquo;. Fructifique o no (&iexcl;Dios quiera que s&iacute;!), consuela pensar que la negociaci&oacute;n cuenta con tres sotanas (ahora dos) y la bendici&oacute;n de Roma. Jos&eacute; Manuel Vidal.</p>]]></description><pubDate>Wed, 04 Jan 2006 21:26:00 +0000</pubDate></item><item><title>La deteriorada conciencia c&#xED;vica de Bush</title><link>https://ellectorcurioso.blogia.com/2005/122901-la-deteriorada-conciencia-civica-de-bush.php</link><guid isPermaLink="true">https://ellectorcurioso.blogia.com/2005/122901-la-deteriorada-conciencia-civica-de-bush.php</guid><description><![CDATA[<p class="MsoNormal">La deteriorada conciencia c&iacute;vica de Bush</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Howell Raines, periodista, fue director de The New York Times. Traducci&oacute;n de News Clips.</p>   <p class="MsoNormal">EL PA&Iacute;S<span>&nbsp; </span>-<span>&nbsp; </span>Opini&oacute;n - 29-12-2005 <span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>&nbsp;</span></p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">En estos momentos, el legado pol&iacute;tico de George W. Bush parece estar bastante definido por tres desastres distintos: Irak, en pol&iacute;tica exterior; Katrina, en bienestar social, y la influencia de las grandes empresas en las decisiones fiscales, presupuestarias y de regulaci&oacute;n. Como consecuencia pol&iacute;tica a corto plazo, posiblemente nos libremos de tener a otro Bush de pocas luces en la Casa Blanca. Pero lo que la dinast&iacute;a Bush ha hecho a la ciencia de las campa&ntilde;as presidenciales -los protocolos mediante los cuales los estadounidenses eligen a sus presidentes en la era moderna- supone un legado pol&iacute;tico que podr&iacute;a perseguir a la rep&uacute;blica durante a&ntilde;os. Ahora estamos soportando a una tercera generaci&oacute;n de Bushes que han adoptado el libro de instrucciones de los "implacables" Kennedy y lo han ampliado hasta convertirlo en un c&oacute;digo coherente de amoralidad, tanto en t&aacute;cticas de campa&ntilde;a como en el ejercicio del gobierno.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">En sus campa&ntilde;as, los Kennedy utilizaban dinero, manipulaci&oacute;n de la imagen, redes de viejos amigos y, cuando era necesario, ataques personales contra adversarios dignos como Adlai Stevenson y Hubert Humphrey. Pero hab&iacute;a tambi&eacute;n una s&oacute;lida base de conocimiento y prop&oacute;sito que sustentaba el sofisticado internacionalismo de John Kennedy, su iniciativa sanitaria Medicare, su tard&iacute;a devoci&oacute;n por la justicia racial, y la oposici&oacute;n de Robert Kennedy al gansterismo empresarial y sindical. Al igual que Truman, Roosevelt y, s&iacute;, incluso Lincoln, dos generaciones de Kennedys creyeron que pod&iacute;a tolerarse un cierto grado de trapacer&iacute;a pol&iacute;tica siempre y cuando estuviera al servicio del altruismo. Detr&aacute;s de George W. Bush, hay cuatro generaciones de Bushes y de Walkers dedicados primero a utilizar redes pol&iacute;ticas para amasar y proteger sus fortunas personales y, &uacute;ltimamente, a valerse de absolutamente cualquier medio para lograr un cargo, no porque quisieran hacer el bien, sino porque son lo que en Estados Unidos pasan por ser arist&oacute;cratas hereditarios. En resumen, George W. Bush est&aacute; situado en la cima de una pir&aacute;mide de privilegio cuya historia e importancia social &eacute;l casi seguro no entiende, dada la animosidad que muestra por el pensamiento acad&eacute;mico.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">&Eacute;ste es el panorama general, tal como ha sido dibujado de la manera m&aacute;s efectiva por el analista pol&iacute;tico republicano Kevin Phillips en Dinast&iacute;a americana. Desde 1850, la familia Bush, por medio de alianzas con el clan m&aacute;s inteligente de los Walker, acumul&oacute; una fortuna basada en los fundamentos cl&aacute;sicos de los capitalistas explotadores: ferrocarriles, acero, petr&oacute;leo, banca de inversi&oacute;n, armamento y material b&eacute;lico en las guerras mundiales. Ten&iacute;an v&iacute;nculos con las familias m&aacute;s ricas de la era industrial: Rockefeller, Harriman, Brookings. Pero nunca adoptaron la &eacute;tica ben&eacute;fica, de servicio p&uacute;blico, que se desarroll&oacute; en esas familias. Empezando por la alianza del senador Prescott Bush con el presidente Eisenhower y siguiendo por la obcecada lealtad de su hijo, George H. W. Bush, hacia dos pol&iacute;ticos de m&aacute;s talento, los presidentes Nixon y Reagan, la familia ha desarrollado la regla primordial de prosperar. En una campa&ntilde;a ha de adoptarse, si funciona, cualquier compromiso, por muy falto de principios que sea, y cualquier ataque contra un adversario, por falso que sea.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">El paradigma en su forma m&aacute;s pura se vio cuando el primer presidente Bush renunci&oacute; en 1980 a su creencia de toda la vida en el derecho al aborto para poder presentarse como vicepresidente de Reagan. Hasta hoy, cualquier menci&oacute;n de esta claudicaci&oacute;n de principios enfurece a Bush padre. El hijo super&oacute; al padre en los jugueteos con las cortezas de cerdo y la m&uacute;sica country. Por conveniencia y, lo que es m&aacute;s aterrador, tambi&eacute;n por convicci&oacute;n, hizo suya toda la filosof&iacute;a de la Am&eacute;rica blanca e inculta de los Estados rurales sure&ntilde;os en relaci&oacute;n con el aborto, el control de armas, y Jesucristo. Antes de los Bush, los esl&oacute;ganes pol&iacute;ticos de la izquierda y la derecha en Estados Unidos encarnaban al menos una pizca de verdad acerca de c&oacute;mo gobernar&iacute;a un candidato presidencial. La promesa del mayor de los Bush de un Estados Unidos "m&aacute;s amable, m&aacute;s suave", y el "conservadurismo compasivo" del m&aacute;s joven nos trajeron el eslogan pol&iacute;tico como pura desinformaci&oacute;n. Estaban reivindicando una idea de noblesse oblige totalmente ajena a su historia familiar.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">Pero ya fuera Bush padre alcahueteando o Bush hijo rezando, la concesi&oacute;n pol&iacute;tica oculta es la misma. Los Bush creen en dejar que el populacho controle las restricciones sociales y religiosas que emanan de Washington, siempre y cuando sea Wall Street el que decida qu&eacute; pasa con el dinero de la naci&oacute;n. El Partido Republicano como instituci&oacute;n nacional ha apoyado este compromiso. Lo que no sabemos a&uacute;n es si el viejo gran partido ser&aacute; lo suficientemente s&oacute;rdido como para llevarlo adelante sin un Bush al frente. Desde los tiempos en que hablaban de hacer rey a George Washington, los estadounidenses han tenido una actitud ambivalente hacia sus arist&oacute;cratas. Tambi&eacute;n han cre&iacute;do que la pol&iacute;tica sucia tiene su origen en maquiavelos populistas como el gobernador de Luisiana, Huey Long, y caciques urbanos como el alcalde de Chicago, Richard Daley. Los Bush, con mentores como Rove, Cheney y Delay, han vuelto del rev&eacute;s esa expectativa hist&oacute;rica. Ahora, nuestra desviaci&oacute;n pol&iacute;tica se va derramando gota a gota, sin descanso, desde arriba. La pr&oacute;xima elecci&oacute;n presidencial ser&aacute; un examen nacional de si la mancha de las t&aacute;cticas bushianas dura m&aacute;s que el que probablemente sea el &uacute;ltimo miembro de la familia Bush que ocupe la mansi&oacute;n presidencial.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal">En 1988, el primer presidente Bush se asegur&oacute; el cargo describiendo falsamente a su adversario como alguien que consent&iacute;a a los asesinos y a los violadores. En 2000, el actual presidente Bush logr&oacute; la candidatura acusando a John McCain de oponerse a la investigaci&oacute;n contra el c&aacute;ncer de mama. En 2004 gan&oacute; con una andanada de mentiras sobre el historial de guerra de John Kerry. Con el liderazgo adecuado -el tipo de presidentes con defectos pero con principios que han ido aderezando su historia-, Estados Unidos puede parar el derramamiento de sangre en Irak, recuperar su reputaci&oacute;n en el mundo, evitar las crisis en la sanidad y en la seguridad social e incluso llevar ayuda a la Costa de Golfo. Pero no se trata simplemente de evitar que Bush y sus seguidores, con su deteriorada conciencia c&iacute;vica, lleguen a la Casa Blanca. La pr&oacute;xima campa&ntilde;a presidencial nos mostrar&aacute; si estos inescrupulosos patricios han envenenado el pozo del sistema de campa&ntilde;as presidenciales. En ese caso, no habr&aacute; forma de saber qu&eacute; clase de presidente vamos a tener.</p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal"><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span></p>]]></description><pubDate>Thu, 29 Dec 2005 12:48:00 +0000</pubDate></item><item><title>La raz&#xF3;n de la sin raz&#xF3;n</title><link>https://ellectorcurioso.blogia.com/2005/120501-la-razon-de-la-sin-razon.php</link><guid isPermaLink="true">https://ellectorcurioso.blogia.com/2005/120501-la-razon-de-la-sin-razon.php</guid><description><![CDATA[<a name="noticias"> 	 		</a><a name="noticias"><br /><br />                                              <br />                 GABRIEL TORTELLA        <br />         </a><table width="100%" cellspacing="0" cellpadding="0" border="0">           <tbody><tr>              <td bgcolor="#cccccc" style="height: 1px"></td>           </tr>        </tbody></table> <a name="noticias">                   EL PA&Iacute;S &nbsp;-&nbsp; Opini&oacute;n - 05-12-2005 			            <p> "El hombre es un animal racional". Esta frase aristot&eacute;lica se repite hasta la saciedad. Arist&oacute;teles era un gran pensador; pero &iquest;es cierta esta frase? No est&aacute; tan claro. Todo depende, por supuesto, del significado que demos al vocablo "racional", y existen muchas maneras de definirlo, muchas acepciones. Los economistas pensamos que ser racional es comportarse con arreglo a normas inteligibles, regulares y coherentes, tratando de maximizar nuestro bienestar y de minimizar lo desagradable, como el esfuerzo. Con arreglo a este simple axioma, los economistas han montado una impresionante teor&iacute;a que la mayor parte de las veces no se cumple. Si racionalidad significa adhesi&oacute;n regular a unos principios y, por tanto, previsibilidad, los animales son m&aacute;s racionales que nosotros, porque su conducta es m&aacute;s previsible que la nuestra. En materia de pol&iacute;tica la conducta humana es a&uacute;n menos racional que en econom&iacute;a. Ser&iacute;a un pasatiempo entretenido enumerar los casos en que las elecciones han producido los efectos contrarios a lo que los electores manifestaban perseguir, o que el sistema democr&aacute;tico ha producido resultados antidemocr&aacute;ticos. Uno de los elementos que m&aacute;s frecuentemente enturbia la racionalidad de los electores es el nacionalismo, aunque desde luego dista mucho de ser el &uacute;nico.</p> 			            El 7 de enero de 2004 yo publiqu&eacute; un art&iacute;culo en estas mismas p&aacute;ginas titulado <em>&iquest;Quiere Catalu&ntilde;a bajarse del autob&uacute;s?</em> donde suger&iacute;a, despu&eacute;s de las &uacute;ltimas elecciones auton&oacute;micas en esa comunidad, que muchos catalanes y vascos pensaban que, una vez que Espa&ntilde;a les hab&iacute;a conducido a la Uni&oacute;n Europea, hab&iacute;a llegado el momento de separarse de Espa&ntilde;a. Conclu&iacute;a diciendo que tal proyecto entra&ntilde;aba serios peligros porque "el camino desde la separaci&oacute;n de Espa&ntilde;a hasta la plena integraci&oacute;n en la Uni&oacute;n Europea no est&aacute; nada claro" y que pod&iacute;a ser que "los separatistas est&eacute;n simplemente cegados por la pasi&oacute;n pol&iacute;tica" y no sean capaces de apreciar lo aventurado del camino al que nos llevan a todos. Tras las elecciones del 14 de marzo, mi amigo el profesor Ant&oacute;n Costas, de la Universidad de Barcelona, me respond&iacute;a, tambi&eacute;n en estas p&aacute;ginas (1 de abril), afirmando que la responsabilidad de las reclamaciones catalanas reca&iacute;a sobre el Gobierno de Aznar, que hab&iacute;a "tratado de restar poder econ&oacute;mico y empresarial a las CC AA en un momento en que el Estado de las autonom&iacute;as transfer&iacute;a poder pol&iacute;tico" y que era urgente "formular proyectos e iniciativas que nos hagan ver a todos los espa&ntilde;oles por qu&eacute; nos interesa seguir viajando juntos en el mismo tren". A m&iacute; me alegr&oacute; mucho leer el art&iacute;culo de Costas, por su seriedad y su l&oacute;gica; pero no qued&eacute; muy convencido. Ten&iacute;a &eacute;l todo el fundamento al afirmar que, desde un punto de vista de racionalidad econ&oacute;mica, el separatismo no tiene justificaci&oacute;n, ni antes, cuando los aranceles proteg&iacute;an a la industria espa&ntilde;ola (en buena medida, catalana) de la competencia exterior, ni ahora, en que el mercado espa&ntilde;ol sigue siendo b&aacute;sico para la mayor parte de la industria espa&ntilde;ola (en menor, pero importante medida, tambi&eacute;n catalana). Y a&uacute;n menos cuando las comunidades aut&oacute;nomas y el conjunto de los ciudadanos forman parte de la Uni&oacute;n como integrantes de la naci&oacute;n espa&ntilde;ola. Pero el problema reside en que el nacionalismo no es un movimiento pol&iacute;tico racional; eso quer&iacute;a decir yo cuando hablaba de la "pasi&oacute;n pol&iacute;tica". La sempiterna discusi&oacute;n sobre si Catalu&ntilde;a es una "naci&oacute;n" o si Espa&ntilde;a es una "naci&oacute;n de naciones" es de una estulticia tal que resulta embarazoso no ya participar en ella, sino simplemente contemplar su desarrollo. Imaginemos lo que pensar&iacute;amos los europeos si los brit&aacute;nicos llevaran meses o a&ntilde;os discutiendo si Escocia y Gales eran o no naciones y si Gran Breta&ntilde;a era una "naci&oacute;n de naciones". Las carcajadas se oir&iacute;an al otro lado del Canal de la Mancha. Lo cual, por cierto, le hace a uno ver ciertas ventajas de tener una Constituci&oacute;n no escrita, algo que uno siempre hab&iacute;a considerado una excentricidad brit&aacute;nica m&aacute;s. La estulticia deriva, por supuesto, de que todas estas proposiciones son indemostrables porque las "naciones" no existen, son entidades artificiales, nombres que designan colectivos pol&iacute;ticos que pueden aparecer o desaparecer, como las provincias, los organismos supranacionales, las comunidades aut&oacute;nomas, los clubes de f&uacute;tbol, etc&eacute;tera. Cantabria o La Rioja no exist&iacute;an hasta 1978. Alemania tampoco antes de 1871. Fueron creadas de un plumazo. La URSS, una de las naciones m&aacute;s poderosas de la Tierra hace dos decenios, dej&oacute; de existir en 1991. Los ejemplos pueden multiplicarse. Las naciones son entes ficticios, como las empresas o las sociedades recreativas. Espa&ntilde;a tambi&eacute;n es un ente ficticio, pero existe desde hace mucho m&aacute;s tiempo (la remontemos a Roma, a San Isidoro, a los Reyes Cat&oacute;licos, a Felipe V o a la Guerra de Independencia) y eso le da legitimidad hist&oacute;rica. Naturalmente, puede desaparecer o dividirse; pero ese proceso ser&iacute;a doloroso y traum&aacute;tico para una gran mayor&iacute;a, como ha ocurrido con frecuencia cuando fraccionamientos de este tipo han tenido lugar en otros pa&iacute;ses. Pero si el nacionalismo de los ciudadanos no es racional, es una sinraz&oacute;n, las razones de los pol&iacute;ticos nacionalistas s&iacute; son racionales. Es caracter&iacute;stico de la pol&iacute;tica nacionalista que su justificaci&oacute;n y fin &uacute;ltimo sea la independencia, por m&aacute;s que en ocasiones proclame otra cosa. Si los partidos no nacionalistas tratan de convencer a sus votantes de que buscan su bienestar, los nacionalistas tratan de fomentar el malestar de sus votantes achacando la culpa a un enemigo externo. Por tanto, el nacionalismo es como un avi&oacute;n: si se detiene, se estrella. Un nacionalismo que no reivindica y ataca, que no se proclama v&iacute;ctima de enemigos interiores y, sobre todo, exteriores, pierde votos en las elecciones, como es bien sabido. En consecuencia, es ilusorio pensar que se puede resolver el problema de los nacionalismos perif&eacute;ricos haciendo concesiones. La historia reciente de Espa&ntilde;a lo ha demostrado palmariamente. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s del primer Estatuto, Companys proclamaba la independencia de Catalu&ntilde;a. Toda concesi&oacute;n obtenida es para los nacionalistas una victoria, un paso m&aacute;s en el camino hacia la separaci&oacute;n. Y, adem&aacute;s, es una conquista inalienable que, si se intenta revocar, provoca la ira, la indignaci&oacute;n, la rebeli&oacute;n incluso, y se aduce como prueba de que los enemigos exteriores atacan a la naci&oacute;n en ciernes. Es un proceso irreversible. En Espa&ntilde;a este fen&oacute;meno viene agravado por la herencia del franquismo. La reacci&oacute;n contra el franquismo convirti&oacute; la palabra "centralismo" en un t&eacute;rmino de oprobio. Los que llevaron a cabo la transici&oacute;n pecaron de ingenuidad en este asunto y creyeron resolver el problema haciendo generosas concesiones a los nacionalismos perif&eacute;ricos y, sobre todo, poniendo la educaci&oacute;n y los medios de comunicaci&oacute;n en sus manos. Las consecuencias est&aacute;n a la vista: los espa&ntilde;oles ya no saben historia ni geograf&iacute;a, pero todos (o una gran parte) se sienten v&iacute;ctimas del centralismo. Yo confieso no conocer la soluci&oacute;n del problema. Parafraseando a Ortega, el problema del nacionalismo no se puede resolver: hay que conllevarlo. Pero creo que quienes toman decisiones pol&iacute;ticas deben tener esto muy claro: hay una l&oacute;gica muy poderosa en la irracionalidad nacionalista: hay raz&oacute;n en la sinraz&oacute;n y, si esto se olvida, las consecuencias pueden ser catastr&oacute;ficas. 			 			                            <br />        <br />        <br />         </a>]]></description><pubDate>Mon, 05 Dec 2005 21:24:00 +0000</pubDate></item><item><title>Europa intercultural</title><link>https://ellectorcurioso.blogia.com/2005/112201-europa-intercultural.php</link><guid isPermaLink="true">https://ellectorcurioso.blogia.com/2005/112201-europa-intercultural.php</guid><description><![CDATA[<p>Hoy os dejo un m&aacute;gnifico art&iacute;culo de&nbsp; Adela Cortina, catedr&aacute;tica de &Eacute;tica. Ha sido publicado en El Pais. Reflexiona sobre el multiculturalismo y la diversidad.<br /> </p><p><a name="noticias"><em>Europa intercultural</em> 	 	     </a> <a name="noticias">      <br /><br />                                              <br />                 ADELA CORTINA        <br />         </a></p>                                             <a name="noticias">                    			            </a> <p> <a name="noticias"> El multiculturalismo, entendido como el hecho de que en un mismo espacio social convivan personas con distintos bagajes culturales, es tan antiguo como la humanidad. Sin embargo, acontecimientos como el aumento de inmigrantes en Europa y Estados Unidos, que en ocasiones traen cosmovisiones distintas, el inicio de negociaciones con Turqu&iacute;a para su posible ingreso en la Uni&oacute;n Europea, la interesada y nefasta obsesi&oacute;n de interpretar el terrorismo de Al-Qaeda como la quintaesencia del mundo musulm&aacute;n, o la apertura de relaciones comerciales con China han reavivado los debates sobre los problemas que un hecho semejante plantea, o puede plantear, tanto en el nivel global como en el local.</a></p>  <a name="noticias">			            En el <em>nivel global,</em> porque ese "espacio social" en que las culturas han de convivir coincide ya con el mundo y, por tanto, buscar soluciones para la convivencia no es cuesti&oacute;n de cada comunidad pol&iacute;tica en solitario, sino una tarea compartida, que muestra una vez m&aacute;s la importancia de la "interdependencia" entre los distintos pa&iacute;ses, como en alguna ocasi&oacute;n se&ntilde;al&oacute; Benjamin Barber en estas p&aacute;ginas. En el <em>nivel local</em> de las sociedades democr&aacute;ticas, porque es necesario llevar adelante esa delicada labor de orfebrer&iacute;a que consiste en engarzar la diversidad de culturas con las exigencias de justicia que plantea una cultura &eacute;tica y pol&iacute;tica de raigambre democr&aacute;tica y liberal.</a> <a name="noticias"> &iquest;Qu&eacute; hacer cuando la diversidad no es simplemente de comida, vestido, entretenimiento, ni siquiera de lengua, sino de forma de entender la vida y la muerte, las normas que regulan las relaciones entre varones y mujeres o la educaci&oacute;n de los hijos? &iquest;Qu&eacute; hacer cuando lo que entra en conflicto son cosmovisiones que comportan distintas concepciones de justicia? Cuando una cultura entiende que la mujer carece de libertad para organizar su vida, a diferencia del var&oacute;n, o cuando una comunidad rechaza la educaci&oacute;n p&uacute;blica para sus j&oacute;venes, o cuando asigna a algunos de sus miembros el derecho a juzgar y castigar, y se niega a aceptar la legitimidad de jueces externos. El asunto del velo isl&aacute;mico ser&aacute; un problema de justicia si el velo expresa inferioridad de la mujer, no si se trata s&oacute;lo de un s&iacute;mbolo, porque prohibir s&iacute;mbolos religiosos en lugares p&uacute;blicos, si no son expresivos de relaciones injustas, no es propio de sociedades pluralistas. De hecho, los Sikhs que deseaban ingresar en la Real Polic&iacute;a Montada del Canad&aacute; y no pod&iacute;an hacerlo porque su religi&oacute;n les prohib&iacute;a prescindir del turbante, una vez reconocido el derecho a llevarlo se incorporaron al c&eacute;lebre cuerpo.</a> <a name="noticias"> Entendiendo, pues, que los problemas m&aacute;s profundos se plantean cuando las discrepancias alcanzan a cuestiones de justicia, &iquest;c&oacute;mo articular la convivencia en comunidades multiculturales de acuerdo con las exigencias &eacute;ticas y pol&iacute;ticas de la democracia liberal? Ciertamente, tales exigencias descartan sin ambages "medidas tradicionales" como la eliminaci&oacute;n de los grupos m&aacute;s d&eacute;biles o su segregaci&oacute;n, pero en realidad tambi&eacute;n la asimilaci&oacute;n de las culturas relegadas a la dominante, o la discriminaci&oacute;n entre ciudadanos de primera y de segunda, atendiendo a sus distintos bagajes culturales. De ah&iacute; que con el tiempo hayan ido ganando terreno <em>tres posiciones,</em> al menos en suelo europeo: lo que yo llamar&iacute;a un "liberalismo" intolerante por temeroso, el liberalismo multicultural, acu&ntilde;ado por el canadiense Will Kymlicka, y un liberalismo radical intercultural, que es lo que aqu&iacute; quisiera proponer.</a> <a name="noticias">			            El <em>liberalismo "intolerante por temeroso",</em> por desgracia muy difundido en Europa, se asusta ante la entrada de inmigrantes con diferentes culturas, sobre todo musulmanes, y afirma que suponen un peligro para nuestras convicciones occidentales. Olvidando que quienes vienen lo hacen urgidos por la miseria, pone en guardia frente a ellos y frente a su cultura iliberal, recordando que el pluralismo es un valor y aconsejando no tolerar culturas no liberales. Por supuesto, estas advertencias se hacen s&oacute;lo frente al inmigrante pobre, frente al que los medios de comunicaci&oacute;n presentan como un peligro, como fuente supuesta de delincuencia, competencia laboral e intransigencia cultural.</a> <a name="noticias"> Frente a estas expresiones en realidad de aporofobia, de odio al pobre, m&aacute;s justo y eficaz ser&iacute;a que quienes dicen estar convencidos del valor de la autonom&iacute;a y los derechos humanos, traten de reforzar tales convicciones con palabras y con hechos, en vez de debilitar los valores. Porque lo que urge es resolver el problema de la miseria, integrar a los que huyen de ella, dialogar con su cultura y hacer cre&iacute;ble con la acci&oacute;n que el respeto a los derechos humanos es un buen programa &eacute;tico-pol&iacute;tico.</a> <a name="noticias"> Un buen programa que, dicho sea de paso, hay que aplicar con tiempo para que sea fecundo. Si los occidentales nos lo hubi&eacute;ramos tomado hace d&eacute;cadas en serio, esforz&aacute;ndonos por que en &Aacute;frica las personas fueran tratadas a la altura de sus derechos, no estar&iacute;amos pregunt&aacute;ndonos c&oacute;mo resolver el problema cuando ya ninguna soluci&oacute;n puede ser buena, sino a lo sumo el mal menor. Los estudiantes que se atracan la noche anterior al examen o los alcoh&oacute;licos que tienen el h&iacute;gado destrozado no pueden decir que estudiar no sirve para nada o que la medicina es in&uacute;til. Respetar los derechos humanos es una medicina sumamente efectiva, que exige aplicarse desde el comienzo para no tener que optar por el menor de los males.</a> <a name="noticias">			            El <em>liberalismo multicultural,</em> por su parte, apuesta por la integraci&oacute;n de los distintos grupos, es decir, por reconocer que tienen derecho a mantener sus diferencias participando de la vida com&uacute;n. El multiculturalismo se plantea entonces, no s&oacute;lo como un hecho, sino tambi&eacute;n como un proyecto, seg&uacute;n la f&oacute;rmula del Gobierno canadiense, en 1970, de fomentar la polietnicidad, y no la asimilaci&oacute;n de los inmigrantes. &iquest;Razones a favor?</a> <a name="noticias"> Una sociedad liberal, que debe tratar a todos con igual consideraci&oacute;n y respeto, no puede permitir que haya ciudadanos de primera (los de la cultura dominante) y de segunda (los de las culturas relegadas). Si la autoestima es esencial para las personas, y si el liberalismo reconoce su igual dignidad, tiene que dise&ntilde;ar pol&iacute;ticas que permitan a los ciudadanos percibirse como iguales y, por tanto, estimarse a s&iacute; mismos, como apunta Charles Taylor. Por otra parte, ninguna cultura es rechazable totalmente, al menos <em>a priori,</em> porque si ha dado sentido a la vida de personas durante siglos dif&iacute;cilmente no tiene nada positivo que ofrecer; y como para hacer frente a la vida conviene contar con la mayor cantidad de recursos culturales posible, importa optimizarlos y no renunciar <em>a priori</em> a ninguno de ellos.</a> <a name="noticias"> Sin embargo, el proyecto multicultural tiene sus l&iacute;mites, como reconoce el propio Kymlicka: el reconocimiento de derechos colectivos puede llevar a formar guetos que favorecen de nuevo la segregaci&oacute;n y crean situaciones de injusticia al primar a unos grupos sobre otros; y, por otra parte, el n&uacute;cleo del liberalismo viene constituido por la defensa de los derechos individuales y el reconocimiento de derechos colectivos puede llevar a limitar los individuales. Un grupo no puede valerse de sus derechos para dominar a otro, ni tampoco para oprimir a sus propios miembros. Es preciso asegurar igualdad <em>entre</em> los grupos, y libertad e igualdad <em>en</em> los grupos. Los grupos no pueden utilizar sus derechos como "restricciones internas" para limitar la libertad de sus miembros a revisar las autoridades y las pr&aacute;cticas tradicionales.</a> <a name="noticias">			            De ah&iacute; que, a mi juicio, sea m&aacute;s adecuado un <em>liberalismo radical intercultural.</em> Es un liberalismo radical porque entiende que la <em>autonom&iacute;a</em> de las personas es irrenunciable, que deben elegir su propia vida y, por tanto, las restricciones internas son inaceptables. Los miembros de los diversos grupos deben poder conocer ofertas diversas, ponderar cu&aacute;les prefieren y elegir libremente, porque puede ocurrir que quienes est&eacute;n interesados en mantener los enfrentamientos culturales sean los patriarcas y los l&iacute;deres, m&aacute;s que los miembros. S&oacute;lo teniendo posibilidad de elegir es posible averiguar si una mujer prefiere aceptar el marido que otros le procuran, no trabajar fuera del hogar, vivir pendiente del var&oacute;n. De ah&iacute; que no se pueda permitir que los grupos coarten la libertad de sus miembros, de lo que s&oacute;lo se beneficiar&iacute;an los poderosos en cada contexto.</a> <a name="noticias">			            Pero <em>desde esta</em> <em>base</em> es imprescindible un <em>di&aacute;logo intercultural</em> que descanse en dos supuestos al menos: importa respetar las culturas porque los individuos se identifican y estiman desde ellas y no se puede renunciar <em>a priori</em> a la riqueza que una cultura pueda aportar, pero a la vez ese respeto tiene que llevar a un di&aacute;logo desde el que los ciudadanos puedan discernir qu&eacute; valores y costumbres merece la pena reforzar y cu&aacute;les obviar.</a> <a name="noticias"> Las culturas no son est&aacute;ticas ni homog&eacute;neas, evolucionan, han aprendido hist&oacute;ricamente unas de otras, son din&aacute;micas; y cabe suponer que en el futuro, no s&oacute;lo ocurrir&aacute; lo mismo, sino todav&iacute;a m&aacute;s, teniendo en cuenta el mayor contacto que existe en el nivel local y global. Lo realista es, pues, suponer que la convivencia de personas con distintas culturas propiciar&aacute; cada vez m&aacute;s el di&aacute;logo y el aprendizaje mutuo, habida cuenta adem&aacute;s de que cada uno de nosotros es intercultural.</a> <a name="noticias"> Este di&aacute;logo no tiene que ser s&oacute;lo cosa de los l&iacute;deres, sino que empieza en las escuelas, los barrios, los lugares de trabajo. Mientras existan guetos, mientras la vida cotidiana no sea en realidad intercultural, seguir&aacute; pareciendo que hay un abismo entre las culturas. Cuando en realidad existe una gran sinton&iacute;a entre ellas si no se interpretan desde la miseria, el desprecio y la prevenci&oacute;n. Hacer intercultural la vida cotidiana es asegurar que cada cultura dar&aacute; lo mejor de ella, por eso la integraci&oacute;n en la ciudadan&iacute;a ha de hacerse desde el di&aacute;logo intercultural de la vida diaria.</a> <a name="noticias">			 			                            <br />        </a>]]></description><pubDate>Tue, 22 Nov 2005 19:46:00 +0000</pubDate></item><item><title>Otra visi&#xF3;n del Estatuto de Catalu&#xF1;a</title><link>https://ellectorcurioso.blogia.com/2005/111801-otra-vision-del-estatuto-de-cataluna.php</link><guid isPermaLink="true">https://ellectorcurioso.blogia.com/2005/111801-otra-vision-del-estatuto-de-cataluna.php</guid><description><![CDATA[<a name="noticias"> 	 		<em>El Estatuto de Catalu&ntilde;a y la 'West Lothian question'</em> 	 	     </a> <a name="noticias">      <br /><br />                                              <br />                 LUIS MAR&Iacute;A D&Iacute;EZ-PICAZO        <br />         </a>                                             <a name="noticias">                   EL PA&Iacute;S &nbsp;-&nbsp; Opini&oacute;n - 18-11-2005 			            <p> La proposici&oacute;n de nuevo Estatuto aprobada por el Parlamento de Catalu&ntilde;a y remitida a las Cortes Generales no s&oacute;lo plantea conocidas dudas en cuanto a su conformidad con la Constituci&oacute;n, sino que puede suscitar tambi&eacute;n algunas reservas en t&eacute;rminos de democracia de las que se habla sorprendentemente poco. Se trata, en concreto, de un problema de teor&iacute;a de la democracia conocido como la <em>West Lothian question.</em> Fue formulada por vez primera a finales de los a&ntilde;os setenta, cuando se comenz&oacute; a debatir la posibilidad de dotar a Escocia de autonom&iacute;a, por un pol&iacute;tico llamado Tam Dalyell, que era diputado liberal precisamente por la circunscripci&oacute;n de West Lothian, cerca de Edimburgo. El problema puede enunciarse as&iacute;: si el Parlamento escoc&eacute;s recibe competencia sobre un amplio n&uacute;mero de materias, incluidas aquellas que afectan m&aacute;s directamente a la vida de los ciudadanos, &iquest;por qu&eacute; deber&iacute;a seguir habiendo diputados escoceses en el Parlamento del Reino Unido, con poder para deliberar y votar sobre asuntos que no conciernen ya a Escocia, sino s&oacute;lo a las otras partes del pa&iacute;s (Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte)? En otras palabras, &iquest;por qu&eacute; los escoceses deber&iacute;an tener voz en los asuntos de los ingleses, galeses y norirlandeses, mientras que &eacute;stos no la tienen en los asuntos de los escoceses?</p> 			            Que la <em>West Lothian question</em> no es un capricho acad&eacute;mico lo demuestra el hecho de que ha sido -y sigue siendo- muy discutida en el Reino Unido, m&aacute;xime despu&eacute;s de que Escocia obtuviera efectivamente la autonom&iacute;a en 1998. Baste mencionar el ejemplo de dos pol&eacute;micas leyes aprobadas por el Parlamento del Reino Unido durante la pasada legislatura: una relativa a la transformaci&oacute;n de los hospitales p&uacute;blicos en fundaciones y otra sobre incremento de las tasas universitarias. Pues bien, la mayor&iacute;a a favor de ambas leyes fue muy estrecha y, aunque gran parte de su contenido no es de aplicaci&oacute;n en Escocia, nunca habr&iacute;an salido adelante sin el decisivo voto de algunos diputados escoceses. El problema es controvertido y, como se ver&aacute; enseguida, no tiene f&aacute;cil soluci&oacute;n. No es extra&ntilde;o que haya recibido respuestas muy distintas. De entrada, est&aacute;n quienes sostienen que se trata de un falso problema. Unos piensan que el problema es falso porque el Parlamento del Reino Unido puede siempre modificar, suspender o incluso suprimir la autonom&iacute;a escocesa; y otros piensan que es falso porque cabr&iacute;a dotar de similar autonom&iacute;a a las otras partes del Reino Unido, de manera que el desequilibrio desapareciera. Es dudoso que estas objeciones sean v&aacute;lidas en el propio contexto brit&aacute;nico: por lo que se refiere a la primera, que la autonom&iacute;a pueda ser suprimida no quita que, mientras subsista, el problema sea real; y en cuanto a la segunda, es dudosamente razonable que, para resolver la <em>West Lothian question,</em> haya que dotar de una autonom&iacute;a similar a la escocesa a quienes no la desean. En todo caso, es importante observar que nada de ello ser&iacute;a predicable de la situaci&oacute;n creada por el nuevo Estatuto catal&aacute;n. No es verdad que &eacute;ste pudiera ser suprimido por las Cortes Generales, ya que la reforma de los estatutos de autonom&iacute;a ha de hacerse mediante el procedimiento previsto por ellos mismos, con ulterior aprobaci&oacute;n por ley org&aacute;nica estatal (art&iacute;culo 147 de la Constituci&oacute;n). Y tampoco es verdad que cupiera generalizar a todas las Comunidades Aut&oacute;nomas lo previsto en el nuevo Estatuto catal&aacute;n, por la sencilla raz&oacute;n de que ello significar&iacute;a la desaparici&oacute;n del Estado. Se trata, por tanto, de un problema real, y as&iacute; parece reconocerlo la mayor parte de quienes lo han examinado. Puede ser muy instructivo, as&iacute;, para el actual debate sobre el nuevo Estatuto catal&aacute;n examinar brevemente las tres respuestas principales que ha recibido: 			            <strong>1.</strong> Suprimir pura y simplemente la representaci&oacute;n de Escocia en el Parlamento del Reino Unido. &Eacute;sta es la soluci&oacute;n m&aacute;s radical. Solucionar&iacute;a, sin duda, el problema democr&aacute;tico; pero su coste ser&iacute;a elevado, pues equivaldr&iacute;a a una secesi&oacute;n o, si se prefiere, a un repudio. Adem&aacute;s, hay que tener en cuenta que, incluso en textos tan maximalistas como el nuevo Estatuto catal&aacute;n, siempre quedan unas pocas materias de competencia del poder central, tales como la defensa y, en alguna medida, las relaciones internacionales. 			            <strong>2.</strong> Reducir la representaci&oacute;n de Escocia en el Parlamento del Reino Unido. Se busca, as&iacute;, que el peso relativo del electorado escoc&eacute;s en Londres corresponda a lo que Londres puede decidir con respecto a Escocia. Esta soluci&oacute;n es menos radical, pero dif&iacute;cil de poner en pr&aacute;ctica: &iquest;c&oacute;mo se cuantifica el peso relativo de los asuntos sobre los que el Parlamento del Reino Unido sigue siendo competente en Escocia? Aqu&iacute; conviene, por lo dem&aacute;s, hacer una breve digresi&oacute;n. Entre nosotros, alguien podr&iacute;a arg&uuml;ir que muchos ciudadanos de Catalu&ntilde;a sufren ya una merma de su peso electoral relativo, ya que las peculiaridades del sistema de elecci&oacute;n del Congreso de los Diputados (sistema proporcional de lista, m&aacute;s circunscripci&oacute;n provincial, m&aacute;s tope constitucional m&aacute;ximo de 400 esca&ntilde;os) hacen que obtener un acta de diputado exija 20 veces m&aacute;s votos en las provincias m&aacute;s pobladas que en las menos pobladas. Ahora bien, siendo esto cierto, no hay que olvidar que el alejamiento espa&ntilde;ol del ideal democr&aacute;tico "una persona, un voto" es neutral con respecto a las "reivindicaciones nacionalistas": es verdad que el voto de los ciudadanos de la provincia de Barcelona pesa mucho menos que el de los de la provincia de Palencia, pero lo mismo se podr&iacute;a decir de Madrid con respecto a L&eacute;rida. Lo &uacute;nico que razonablemente cabe inferir de estas actuales desigualdades en el peso relativo del voto es que a nuestro sistema electoral le vendr&iacute;a bien una revisi&oacute;n. 			            <strong>3.</strong> Establecer que los diputados escoceses en el Parlamento del Reino Unido s&oacute;lo puedan deliberar y votar en aquellos asuntos que afectan a Escocia. Quiz&aacute; &eacute;sta sea la soluci&oacute;n m&aacute;s prudente, por ser la menos traum&aacute;tica. Pero tiene el inconveniente de la complejidad, ya que implicar&iacute;a la existencia de un Parlamento con composiciones m&uacute;ltiples seg&uacute;n los asuntos, y tal vez tambi&eacute;n con mayor&iacute;as distintas en cada caso. A ello hay que a&ntilde;adir que no ser&iacute;a f&aacute;cil elaborar la lista precisa de los asuntos en que los diputados escoceses -o catalanes- deber&iacute;an tener voz y voto. Trat&aacute;ndose de la potestad legislativa, a&uacute;n cabr&iacute;a usar como criterio las materias que sigan siendo de competencia del poder central; pero &iquest;qu&eacute; pasar&iacute;a con las atribuciones no propiamente legislativas del Parlamento como, por poner el ejemplo m&aacute;s obvio, otorgar o retirar la confianza al Gobierno? 			            Llegados a este punto, s&oacute;lo resta hacer dos observaciones adicionales. Una es que invocar la <em>West Lothian question</em> no es neocentralista ni jacobino, por usar un t&eacute;rmino que s&oacute;lo en la jerga pol&iacute;tica catalana tiene una connotaci&oacute;n abiertamente peyorativa. El problema de democracia que se acaba de exponer puede no surgir en el sistema m&aacute;s descentralizado que quepa imaginar, siempre que todos los territorios que lo componen tengan similares competencias y prerrogativas. El problema no deriva del grado de descentralizaci&oacute;n, sino de la asimetr&iacute;a, es decir, de que alg&uacute;n territorio disfrute de una posici&oacute;n (asunci&oacute;n de competencias estatales, blindaje competencial, administraci&oacute;n de justicia propia, etc&eacute;tera) que los otros territorios no tienen. Es precisamente la asimetr&iacute;a lo que impide hallar una soluci&oacute;n satisfactoria a la <em>West Lothian question,</em> pues no est&aacute; dicho que sea posible tratar como iguales a ciudadanos de territorios desiguales. La otra observaci&oacute;n es que centrar el debate sobre el nuevo Estatuto catal&aacute;n s&oacute;lo en la constitucionalidad del mismo, incluida la famosa calificaci&oacute;n de Catalu&ntilde;a como naci&oacute;n, puede ser un error. No digo que el respeto por la Constituci&oacute;n no sea importante, ni que el uso de la palabra "naci&oacute;n" -o de sus derivados- sea trivial. No lo creo. Ahora bien, discutir s&oacute;lo de esto puede crear una cortina de humo que impida ver algo a&uacute;n m&aacute;s importante: que el nuevo Estatuto catal&aacute;n, tan celoso ante cualquier atisbo de intromisi&oacute;n, permitir&iacute;a a los catalanes seguir participando como hasta ahora en los asuntos de los dem&aacute;s espa&ntilde;oles, los cuales, sin embargo, carecer&iacute;an de capacidad decisoria con respecto a Catalu&ntilde;a. Y esto equivaldr&iacute;a, ni m&aacute;s ni menos, a admitir la existencia de ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. Las constituciones nacen y mueren, e incluso naciones seculares pueden un d&iacute;a sufrir una dolorosa amputaci&oacute;n; pero los postulados b&aacute;sicos de la democracia son los que son. Esto deber&iacute;an tenerlo muy presente quienes han de decidir qu&eacute; hacer con la proposici&oacute;n de nuevo Estatuto remitida por el Parlamento de Catalu&ntilde;a, pues es claro que este texto aspira a la vez al caldo y a las tajadas. Y si el dicho castellano resulta demasiado tosco, trad&uacute;zcase como que quiere al mismo tiempo <em>le beurre et l'argent du beurre... et peut-&ecirc;tre aussi la beurri&egrave;re.</em> 			 			                            <br />        <br />        <br />         </a>]]></description><pubDate>Fri, 18 Nov 2005 21:10:00 +0000</pubDate></item><item><title>ciudadania, religi&#xF3;n y marginalidad</title><link>https://ellectorcurioso.blogia.com/2005/110801-ciudadania-religion-y-marginalidad.php</link><guid isPermaLink="true">https://ellectorcurioso.blogia.com/2005/110801-ciudadania-religion-y-marginalidad.php</guid><description><![CDATA[<p>Un interesante articulo de Luis&nbsp; Foix, ex director de La Vanguardia, a&ntilde;ade alguna clave para entender lo sucedido en Francia al mismo tiempo que alerta de la posibilidad de que pueda suceder en otros lugares</p><p>&nbsp;</p>  <em>ALGUNOS DE LOS M&Aacute;S DE cinco millones de musulmanes dan m&aacute;s prioridad a los c&oacute;digos de su religi&oacute;n que a las leyes francesas </em>&nbsp;<img width="1" height="1" border="0" src="//ellectorcurioso.blogia.com/upload/externo-3cb269ab20f211d0c40593785d12b9ac.gif" />  <p class="H13p0"><span class="H10p6">LLU&Iacute;S FOIX - 00:00 horas - 08/11/2005</span><br />Las sucesivas noches de violencia en muchas ciudades francesas han obligado al presidente de la Rep&uacute;blica, Jacques Chirac, a tomar cartas en el tema, con un discurso que pide la m&aacute;xima prioridad para el retorno de la seguridad y el orden p&uacute;blico. Nada nuevo. Es lo que hab&iacute;a manifestado y puesto en pr&aacute;ctica el ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, cuando hace doce d&iacute;as dos j&oacute;venes mor&iacute;an electrocutados al refugiarse en unas alambradas de un tranformador de electricidad cuando eran perseguidos por la polic&iacute;a. <br /> <br /> Se puede hablar de un conflicto de orden p&uacute;blico. Pero es un conflicto social que puede extenderse y causar uno de esas convulsiones internas a las que Francia es sometida de vez en cuando. Puede ser oportuna la conocida frase de Metternich en el Congreso de Viena al t&eacute;rmino de las guerras napole&oacute;nicas: "Cuando Francia estornuda, Europa se constipa". <br /> <br /> Lo que ocurre en los barrios m&aacute;s pobres y desestructurados de las ciudades francesas, vecindades de hijos de inmigrantes francesses que hoy gozan de plena ciudadan&iacute;a, puede ocurrir en Barcelona, en Berl&iacute;n o en Londres. <br /> <br /> Nicolas Sarkozy ha escrito un interesante libro que le&iacute; hace unos meses. Su t&iacute;tulo es <em>La R&eacute;publique, les religions, l&acute;esp&eacute;rance</em>. Traza un fino an&aacute;lisis sobre el lugar que ocupa la religi&oacute;n en la Rep&uacute;blica. Afirma que el derecho a vivir la religi&oacute;n propia es tan importante como el derecho de asociaci&oacute;n, el de la libertad de expresi&oacute;n o el derecho a la presunci&oacute;n de inocencia. Es un derecho universal a la esperanza, dice el hoy atribulado Sarkozy. <br /> <br /> Sarkozy sostiene en su libro que la responsabilidad primera del ministro del Interior es mantener el orden p&uacute;blico, que no es un fin en s&iacute; mismo, sino la condici&oacute;n del ejercicio de las libertades. <br /> <br /> El Ministerio del Interior no puede ser el ministerio de la represi&oacute;n, sino el que garantiza las grandes libertades, la de reuni&oacute;n, de manifestaci&oacute;n, electoral, de asociaci&oacute;n, de circulaci&oacute;n y tambi&eacute;n la libertad de cultos. <br /> <br /> A los dos d&iacute;as de la muerte de los dos j&oacute;venes electrocutados, Sarkozy cometi&oacute; un error al que se atribuye el desencadenamiento de la violencia de estos d&iacute;as que ya se ha cobrado la primera v&iacute;ctima mortal. Dijo que iba a aplicar la ley contra la <em>chusma </em>que estaba perturbando la seguridad de los franceses. Esas palabras provocaron una reacci&oacute;n en cadena que hoy mantiene a los barrios marginales de Francia sin control. <br /> <br /> Pero la crisis que vive Francia es la que preocupa y perturba a las democracias consolidadas en Europa. Es una crisis que puede arrancar del hecho de que algunos de los m&aacute;s de cinco millones de musulmanes franceses se consideran primero musulmanes y despu&eacute;s ciudadanos. Justo al rev&eacute;s de lo que pretende la filosof&iacute;a republicana francesa, que es la de primero ciudadanos y luego creyentes. <br /> <br /> Europa no sabe, no sabemos, c&oacute;mo afrontar este conflicto que ahora mantiene en vilo a Francia, que se resume en c&oacute;mo tratar a los musulmanes que consideran prioritaria su religi&oacute;n a las leyes de ciudadan&iacute;a que todos intentamos cumplir. <br /> <br /> Lo m&aacute;s inquietante es que los representantes oficiales de la religi&oacute;n musulmana se ofrecen para pacificar la situaci&oacute;n, no tanto siguiendo las leyes y costumbres republicanas, sino de acuedo con sus propios c&oacute;digos c&iacute;vicos y morales. Hay un conflicto religioso de fondo al que se a&ntilde;ade la incapacidad de estos franceses hijos de inmigrantes de subir en la escala social y abandonar los guetos humanos y laborales en los que se encuentran porque la acomodada sociedad francesa, alemana, brit&aacute;nica o espa&ntilde;ola les cierra las puertas. El conflicto era inevitable. <br /> <br /> </p>]]></description><pubDate>Tue, 08 Nov 2005 17:50:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
