tres sotanas en busca de la paz

Un cardenal francés, un fraile irlandés y un sacerdote vasco. Tres sotanas eclesiales para conseguir la paz en Euskadi. El cardenal vasco-francés Roger Etchegaray, el redentorista irlandés Alec Reid y el sacerdote vizcaíno, Joseba Segura vienen realizando, desde hace algún tiempo, discretas labores de mediación en la trastienda del proceso de paz. Su misión: tender puentes y sentar a negociar al Gobierno y a ETA. Para ello, cuentan con el aval de Roma y de la Conferencia Episcopal española.
Tres sotanas negociadoras que se van a quedar en dos. Una de ellas se retira a un segundo plano. El pasado día 2 de enero, Joseba Segura hizo sus maletas y se fue... a Ecuador. Reclamado por los obispos de aquel país como economista y experto en pastoral social, su obispo, Ricardo Blázquez, se lo cede por tres años.
Segura se ríe cuando le preguntamos si va a continuar con su papel mediador desde el país latinoamericano: “Desde allí podría moverme con mayor libertad. Algunos podrían lanzar esa especie”, bromea, al tiempo que señala que su contribución “ya no es necesaria”. Ha cumplido su cometido y deja paso a otros mediadores menos “quemados”.
La misión de Segura, como la del Bautista, fue la de preparar el camino a otro. A Alec Reid, el mediador que da la cara. Con el apoyo del Obispado de Bilbao, regido por monseñor Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal, el cura vasco no sólo actuó como chofer y traductor del fraile irlandés, sino también como su introductor en los medios políticos vascos.
Segura, de 47 años de edad, es profesor de teología en la Universidad de Deusto, master en Economía por el Boston College de Estados Unidos y mantiene una estrecha relación con el ahora obispo de San Sebastián, monseñor Uriarte, desde la etapa en que éste fue obispo auxiliar de Bilbao. Nacionalista y brillante, mantiene buenas relaciones con numerosas personas del mundo abertzale. Sobre todo con Rafael Díez Usabiaga, secretario general de LAB y considerado por muchos, incluido el líder socialista vasco, Patxi López, como un personaje clave en el proceso de paz.
Esas buenas relaciones le llevaron a ejercer el papel de introductor de representantes del Foro de Debate Nacional –un organismo controlado por Batasuna y en el que participan EA, Aralar, el partido vasco francés AB, los sindicatos LAB y ELA, y una treintena de organizaciones sociales de la izquierda abertzale– ante su jefe, monseñor Blázquez, con quien se reunieron para hablar sobre el proceso de paz el pasado 28 de junio.
Convencido de que “desde la transición, la eficacia del terrorismo de ETA ha sido nula y sólo ha conseguido muertos y encarcelados”, Segura apuesta abiertamente por la salida negociada del conflicto vasco. Como casi todos sus superiores jerárquicos.
Y es que la Iglesia siempre desempeñó un papel activo en los intentos por alcanzar una solución dialogada al terrorismo de ETA. Experta en humanidad y maestra del diálogo, la Iglesia siempre apuesta por la reconciliación y la búsqueda del entendimiento social. Por pura cuestión de fidelidad a los principios evangélicos.
El negociador tapado.
Ya el 2 de octubre del año 2000, la diplomacia vaticana se ofreció a los gobiernos español y vasco para “contribuir a lograr una solución pacífica” en el País Vasco. Una contribución que Roma encarga, unos años después, al cardenal Roger Etchegaray, el negociador tapado. Ese del que ninguna de las partes habla, para preservar sus buenos oficios.
El purpurado francés es una de las grandes personalidades de la Iglesia, tiene experiencia diplomática sobrada y, además, conoce por dentro el caso vasco: nació, hace 83 años, en Ezpeleta (País Vasco francés) y, desde que está jubilado, pasa grandes temporadas en su localidad natal.
Etchegaray fue uno de los hombres de confianza del difunto Juan Pablo II. El propio Papa le llamaba “mi enviado especial”. Y como tal, medió, en nombre del Papa, en todos los grandes conflictos de las últimas décadas. Desde Kosovo a Timor, pasando por Jerusalén, Chiapas o Irak.
Profundo conocedor de la realidad vasca, sigue manteniendo una perfecta sintonía con eclesiásticos y obispos de todos los sectores. Es amigo de monseñor Setién y de monseñor Uriarte, pero también se lleva muy bien con monseñor Blázquez o con el cardenal Rouco Varela.
Dado que cumple a la perfección las tres condiciones de un buen mediador (conocer a fondo el tema, tener prestigio y gozar de la confianza de todas las partes implicadas) podría desempeñar el papel de notario en los eventuales encuentros entre los representantes de Moncloa y los dirigentes etarras. El mismo que ya ejerciera su amigo, el obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, en las negociaciones que entablaron, en 1999, el Ejecutivo de Aznar y la banda armada.
La segunda sotana negociadora se esconde menos y actúa a cara descubierta, porque ése es su papel. Se trata del redentorista irlandés Alec Reid, que cree a pies juntillas en la providencia divina, en el diálogo y en la no violencia activa. Con estas armas en la mano, lleva más de 30 años luchando por la paz. No en vano le llaman el Ghandi irlandés. Y, en Irlanda, su receta funcionó y el menudo fraile fue uno de los artífices de los acuerdos de Viernes Santo de 1998, que sellaron la paz entre católicos y protestantes del Ulster.
El espíritu del diálogo
La teoría pacificadora de Alec Reid se basa en lo que él llama “el espíritu del diálogo”, que consiste en que las diversas partes en conflicto se escuchen “no desde la cabeza, sino desde el corazón”.Y añade: “Este diálogo sin exclusiones daría paso a unas negociaciones que, a su vez, pudiesen plasmarse en un acuerdo que recogiese los derechos de todos”.
Impasible al desaliento, acostumbrado a los servicios secretos y a la incomprensión de unos y de otros, el padre Reid se levanta temprano, hace meditación, dice misa y sale, en autobús, a sus reuniones, consciente de que el camino de la paz está empedrado de trampas y peligros. “Es consciente de estar haciendo una labor sumamente peligrosa. Conoce muchos secretos e informes reservados. Su vida corre siempre peligro”, explica su compañero de congregación, el también irlandés padre Cannon.
De hecho, ha estado en inminente peligro de muerte en varias ocasiones. Pero él sólo recuerda aquel 13 de mayo de 1981, en que el turco Ali Agca disparaba contra el Papa en la plaza de San Pedro. El padre Reid estaba allí, a unos cuantos metros de la escena del crimen, sin poder hacer nada, mientras el Papa de la paz se desangraba en brazos de su secretario, monseñor Dziwisz.
Unos años después, una foto publicada en la portada del New York Times le catapultó a la fama. Está de rodillas, en el suelo, atendiendo a dos soldados ingleses linchados por el IRA. Era el 23 de marzo de 1988. El padre Alec participaba en una manifestación convocada por los católicos para protestar contra el asesinato del activista del IRA, Caoimhin Mc Bradaigh. Durante el recorrido, en una pequeña calle, la multitud divisó a dos soldados, los cabos Derek Wood y David Howes, pensó que eran espías y el IRA los linchó allí mismo. Y allí mismo el padre Alec ejerció su ministerio en nombre del Dios de la paz.
Desde hace años mantiene contactos con nacionalistas, abertzales y socialistas. El pasado mes de julio se entrevistaba con el presidente de los socialistas vascos, Jesús Eguiguren. Y el 1 de diciembre, presentó en Bruselas, ante el Parlamento Europeo, a la Mesa para el Acuerdo, que agrupa a partidos, movimientos y asociaciones nacionalistas y abertzales. Y ante la Cámara europea dijo, entre otras cosas: “Con el bagaje de haber mediado en el conflicto de Irlanda del Norte durante 35 años, les digo que no se puede resolver un conflicto político con la fuerza armada, sino con el diálogo”.
Porque el diálogo es la receta por excelencia de los eclesiásticos para conseguir la paz en Euskadi. Por ejemplo, Joaquín Perea, director del Instituto diocesano de Teología y Pastoral de Bilbao, asegura que “el propio Jesús dialogaría con ETA”. Franciscanos y jesuitas vascos están empeñados en conseguir la paz a través de “una espiritualidad de la reconciliación”. De hecho, los franciscanos de Arantzazu (Guipúzcoa) acaban de crear un “centro de investigación por la paz”.
Y entre los obispos vascos, la tónica es la misma. Monseñor Uriarte asegura que “la Iglesia puede y debe promover todas las vías posibles para conseguir la reconciliación”, al tiempo que pide a los políticos que “obedezcan la voluntad del pueblo, que está pidiendo a gritos la paz y el diálogo”.
Incluso el sector más duro del episcopado español, aunque lo piense, no se atreve a posicionarse públicamente contra la mediación eclesial. Y el mayoritario sector centrista la apoya sin reservas. Desde Pamplona, Fernando Sebastián señala que “estamos dispuestos a hacer todo lo que esté en nuestras manos”.
Desde Bilbao, Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia episcopal siempre mantuvo que, “si se nos pidiera, no negaríamos nunca una mediación”. Fructifique o no (¡Dios quiera que sí!), consuela pensar que la negociación cuenta con tres sotanas (ahora dos) y la bendición de Roma. José Manuel Vidal.

